Jaguar Serie XK XKR Cabrio

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QUE BONITO ES SER MILLONARIO

Pues eso, que ser millonario es muy bonito, para qué nos vamos a engañar, y como el dinero llama a la belleza nada mejor que realizar una pequeña inversión en imagen adquiriendo un estupendo Jaguar XKR como este. Seguramente nos sobren muchos de sus 400 caballos, pues ya con el XK a secas de 300 cv iríamos más que sobrados, pero no es cuestión de quedarse cortos o de que el vecino se compre otro igual y empiecen a circular rumores sobre lo desastroso de nuestras últimas inversiones en los futuros de Chicago.

Hay cosas que se valoran tanto como la estabilidad o la seguridad en un coche como este, por ejemplo el sonido del motor. Es como la banda sonora del Jaguar con las fauces muy abiertas que luce sobre su capó. Detalles de este tipo cobran mucha importancia, al tiempo que otros aspectos ‘prosaicos’ como el consumo o el precio se han de pasar por alto… aunque sacarlo del concesionario cueste 105.900 euros.
Siendo objetivo, el XKR es un lujo de descapotable que representa fielmente el estilo que Jaguar lleva imprimiendo a sus refinados deportivos desde hace más de medio siglo. Eso sí, el ritmo actual de renovación de modelos en la industria del automóvil comienza a echarle los años encima en algunos aspectos, como puede pasarle a Ferrari con el 456, pero en otros sigue teniendo un aire tan distinguido que aún con todo merece la pena y poco importan pequeños detalles que puedan estar mejor resueltos en algunos rivales. Hay aspectos intangibles, en los que rezuma una personalidad inigualable.

Detalles

DETALLES

Los Jaguar XK entran en esa categoría de coches que antes incluso de llegar a encender sus poderosos motores ya trasmiten una sensación de potencia estática arrolladora. Nadie osará discutir que se encuentra antes un auténtico deportivo, fiero y capaz de las más altas prestaciones, aunque después, una vez metidos en faena, veamos que no es tan fiero el felino como lo pintan.
Incluso con los 400 caballos que es capaz de trasmitir, este coche se mantiene en todo momento en su sitio, y es capaz de rodar tanto a ritmo de desfile como a ritmo de carreras. Es el poder que otorga una cilindrada generosa sobrealimentada, unida a un cambio automático de fantástico funcionamiento y seis velocidades.
En realidad no es tan deportivo como pudiera parecer, o al menos no es tan ‘sacrificadamente deportivo’ como sus cifras indican, pues a la hora de conducirlo por ciudad se porta como un coche realmente suave y dócil en el que la potencia y las reacciones llegan de forma dosificable y progresiva.
Del mismo modo las atenciones que su interior dispensa a los ocupantes son propias de un coche de lujo y no de un deportivo estricto. Si bien es cierto que el espacio no sobra, especialmente en esta versión descapotable en la que las plazas traseras son completamente testimoniales, el conductor y su acompañante se encuentran rodeados por una extraordinaria atmósfera de lujo y equipamiento.
Por ejemplo los asientos son completamente eléctricos, incluido el reglaje de los reposa cabezas y el ajuste lumbar, y la presentación del salpicadero está presidida por un frente de madera de verdad, de grandes dimensiones y perfecta terminación. Por supuesto la madera está rodeada de cuero y si algún plástico osa aparecer es de excelente calidad. Los relojes son esféricos y bastante pequeños aunque de buena lectura, rodeado cada uno por su particular porción de madera, lo que les da una inmejorable estampa.
El equipo de sonido de serie está a la altura del coche, con solo seis altavoces pero de excelente rendimiento y con el teclado del teléfono móvil integrado. Tiene radiocasete y cargador de discos compactos en el maletero. Todo el sistema, tanto sonido como telefonía, se puede manejar desde el precioso volante realizado en cuero y madera. Igualmente muy elegante es la palanca del selector del cambio de marchas, realizada en cuero y metal cromado. También ofrece control de velocidad para hacer aún más cómoda la marcha.
Las plazas traseras, como ya hemos comentado, no son aptas ni siquiera para niños y su existencia es puramente testimonial, pues el hueco para recoger la capota reduce completamente el espacio para las piernas. Eso sí, gracias a esto el maletero no se ve perjudicado y tiene una capacidad de 307 litros, poco menos de los 327 de la versión cupé. En cuanto a seguridad pasiva cuenta con cuatro airbags adaptativos ARTS para conductor y pasajero.

Motor

MOTOR

El motor de ocho cilindros es suave pese a contar con un compresor, aunque evidentemente no lo es tanto como si se tratara de un doce cilindros. A cambio ofrece una excelente consistencia desde bajo régimen. En este sentido la elección de un sobrealimentador mecánico Eaton es muy buena porque actúa en toda la gama de revoluciones, aunque a costa de unos consumos bastante elevados, y respecto a un turbo compresor evita los vacíos de potencia propios de estos últimos.

La respuesta es muy rápida y gradual, destacando su capacidad para ganar revoluciones ante una demanda desde el acelerador. En esto tiene mucho que ver la excelente caja de cambios ZF de seis velocidades, con programas de funcionamiento electrónico. No posee accionamiento manual secuencial, pero el selector en forma de ‘J’ típico de la marca hace las funciones, aunque sin la misma eficacia. Si bien es cierto que los mandos secuenciales en este tipo de cambios automáticos no se suelen usar a la hora de la verdad con mucha frecuencia, se echan de menos en vehículos con tanto carácter como el XKR.
La fuerza que el motor es capaz de generar puede llegar a ser abrumadora. Pasar de la paz a las prestaciones más salvajes es cuestión de décimas de segundo, las que tarda el conjunto motor / cambio en interpretar un pisotón que lleve el acelerador hasta el fondo. Se produce un cambio radical en el sonido del motor que se convierte en un auténtico alarido, y la relación de cambio se acorta para otorgar la máxima respuesta. Entonces la espalda se incrusta en el respaldo y todo se acelera inmediatamente, bien sea para acercarnos a la siguiente curva a velocidad de vértigo o para adelantar un coche y tener la sensación de que el movimiento es relativo, pues parecería que estuviera parado.
Eso sí, no encontramos la sensación de que la dirección quede sin peso o que se eleve el frontal por encima de nuestra cabeza como en un fuera borda gracias a la suspensión pilotada CATS, que adapta la dureza de cada amortiguador de forma instantánea.

Comportamiento

COMPORTAMIENTO

La sugerente fuerza del motor se acompaña de una calidad de marcha impresionante, tanto por la respuesta de los diferentes elementos como por la increíble facilidad con la que se puede circular a buen ritmo, pese a lo intimidatorio del potencial que late bajo la felina apariencia del XKR.
Se echa en falta quizá un poco más de firmeza en la dirección, porque resulta demasiado asistida y aislante en una conducción deportiva pura. No obstante no hay inconveniente en exigir al coche al máximo de sus posibilidades porque el control de estabilidad y especialmente el inexcusable control de tracción dejan todo en su sitio.

Si se opta por desconectar los controles electrónicos mediante el botón instalado en la consola central hay que estar atento a al entrada de par motor a raudales (541 Nm / 3.500 rpm) a través del cambio automático, pues aunque los neumáticos en medida 245/45 delante y 255/45 detrás (Pirelli P Zero en nuestra unidad) en llantas de 18 pulgadas es generosos en huella la capacidad de empuje del motor llega a poner en apuros la imperturbable marcha del XKR.
Aún con todo sorprende que los deslizamientos son menores de lo esperado en seco, y los amortiguadores traseros absorben mejor de lo que sugiere su suavidad en recta la carga (gracias, electrónica). En mojado no tuvimos ninguna intención de repetir la experiencia, valorando las consecuencias de un fallo de cálculo en un coche de este precio.
Las prestaciones de escándalo hacen que frecuentemente la velocidad real a la que se circula esté por encima de lo que la percepción indica. No es difícil, pues la aceleración oficial es de 5,6 segundos en el 0 a 100km/h y el ruido interior es muy contenido a pesar de su capota de lona. La sugerente fuerza del motor se acompaña de una calidad de marcha impresionante, tanto por la respuesta de los diferentes elementos como por la increíble facilidad con la que se puede circular a buen ritmo, pese a lo intimidatorio del potencial que late bajo la felina apariencia del XKR.
La estabilidad en línea recta resulta excelente, quizá tiene menos aplomo que un Mercedes SL pero hay que valorar que la agilidad y la capacidad para cambiar de trayectoria es superior a la que ofrecen los modelos germanos, más sólidos pero menos inmediatos de reacciones. Nunca será tan silencioso como la versión cupé pero, la calma interior remite a lo que ya hemos comentado, una escasa sensación de velocidad que viene bien para no asustar al acompañante.
En cualquier caso el afortunado conductor del XKR cuenta con dos aliados importantes, como son las cualidades dinámicas y las ayudas electrónicas de su bastidor para mantener sin problemas cruceros elevados e incluso defenderse perfectamente, como corresponde a un deportivo como este, en carreteras de montaña. En cualquier caso monta un equipo de frenos imponente incluso a simple vista, compuesto por cuatro discos Brembo con pinzas de cuatro pistones y un diámetro de 355 milímetros delante y 330 mm. detrás.

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