De qué depende el precio de un renting: marca, modelo, plazo, kilómetros y condiciones
Dos conductores pueden elegir el mismo coche y recibir cuotas de renting distintas.
La diferencia suele estar en el contrato, porque la cuota se construye con varias decisiones que toma el propio cliente.
Conviene conocerlas antes de pedir presupuesto, sobre todo si la idea es estrenar coche con una cuota fija y sin una entrada elevada.
La marca y el modelo fijan el punto de partida
Un utilitario de gasolina y un SUV híbrido no cuestan lo mismo, y la cuota lo refleja.
La empresa de renting compra el coche y lo cede durante el contrato, así que cuanto mayor es su valor, más alta suele ser la cuota.
Dentro de una misma marca también hay escalones. Una versión con motor más potente o con más equipamiento sube la cifra, y un acabado sencillo la contiene.
Como la demanda de esta fórmula es amplia, conviven marcas generalistas y premium con motorizaciones muy distintas, y cada necesidad suele encontrar su coche.
Queda decidir por cuánto tiempo se quiere conservar.
El plazo del renting reparte el coste en más o menos cuotas
Los contratos suelen moverse entre 24 y 60 meses. Cuanto más largo es el plazo, más se diluye el coste y menor resulta la cuota mensual.
Con un plazo corto ocurre lo contrario, y a cambio se estrena otro coche antes.
La cuota, además, se mantiene fija durante todo el contrato, así que el gasto no sube con los años.
Los kilómetros anuales ajustan la cuota a tu uso
Quien solo usa el coche para ir al trabajo entre semana no necesita el mismo kilometraje que quien sale de viaje cada fin de semana.
El renting recoge esa diferencia con un bloque de kilómetros anuales que se pacta al firmar.
Un bloque ajustado abarata la cuota y uno amplio la encarece, porque la empresa cuenta con recuperar el coche con más desgaste.
Compensa calcular con cuidado cuánto se conduce al año. Así se paga por el uso que se hace del coche y no por un margen que sobra. ¿Y qué entra dentro de esa cuota?
Qué asume la empresa de renting y cómo influye en la cuota
La empresa propietaria se hace cargo de buena parte de los gastos que en una compra recaen sobre el conductor.
Según el contrato, la cuota suele incluir el seguro a todo riesgo y el mantenimiento, y en muchos casos también el impuesto de circulación y la ITV.
Al tratarse de un coche nuevo, suele contar además con la garantía del fabricante, de manera que una avería inesperada no dispara el presupuesto.
Dos ofertas con una cuota parecida pueden no cubrir lo mismo, así que conviene revisar qué entra en cada una. El combustible o la electricidad se pagan aparte.
Qué gana el renting frente a la compra y la financiación
Con una compra al contado, el dinero sale de golpe y la depreciación recae en el propietario.
Con un préstamo, la cuota convive con el seguro, las revisiones y las reparaciones, que se pagan por separado y cambian de un año a otro.
El renting reúne casi todo eso en una cuota estable y, al terminar, el coche se devuelve sin ocuparse de venderlo.
Por eso, para quien conduce un kilometraje moderado y prefiere renovar de coche cada pocos años, el renting suele resultar la vía más cómoda.
También permite estrenar siempre un vehículo reciente, con la tecnología y la seguridad al día. Aun así, la cifra final depende de otras condiciones.
Entrada, motorización y otras condiciones que mueven la cifra
Muchas ofertas se plantean sin entrada, lo que permite empezar a conducir sin tocar los ahorros.
Quien prefiere aportar una cantidad al firmar puede conseguir, a cambio, una cuota mensual menor.
La motorización también cuenta. Un coche de gasolina y uno eléctrico se valoran de forma distinta, y los que llevan etiqueta ECO suelen resultar interesantes por su menor coste de uso.
Cómo comparar ofertas de renting con calma
Con todas esas piezas sobre la mesa, lo más práctico es empezar por dos datos, la cuota máxima que se quiere pagar y el plazo preferido. Con ese margen fijado, se pueden recorrer todos los coches que encajan en él y comprobar cuánto cambia la cifra de un modelo a otro.
Conviene mirar también el total del contrato, es decir, la cuota multiplicada por los meses, y qué servicios incluye cada oferta.
Probar varias simulaciones con plazos y kilómetros distintos ayuda a ajustar la cuota al uso diario. Y todavía falta lo que ocurre cuando el contrato termina.
Al terminar el contrato, la decisión es tuya
Al llegar al final del plazo, hay dos caminos. Se devuelve el coche o se empieza otro contrato, con el mismo modelo o con uno más reciente.
La reventa y la depreciación, que en una compra recaen sobre el propietario, corresponden a la empresa de renting.
Eso sí, el coche debe volver en buen estado de uso y dentro de los kilómetros pactados, de modo que conviene conocer esas condiciones desde el principio.
Con estos factores claros, comparar presupuestos es más fácil y la firma llega sin imprevistos.