Los coches del Papa

Lejos de la vida espiritual que pregonan desde el púlpito, aquella que salva almas, condena las tentaciones y aleja al ser humano de lo material, los últimos jefes de estado del Vaticano, desde el pionero Pío XI hace más de 80 años hasta el actual Benedicto XVI, han viajado en automóviles ostentosos, de marcas de postín, cargados de tecnologías impensables para el común de los mortales de la época, acorazados para garantizar su seguridad, y más si cabe desde que en 1981 Juan Pablo II fuese alcanzado por una bala en la misma Plaza de San Pedro.En 1930 el pontífice Pío XI recibe un regalo muy especial: el Nürburg Mercedes-Benz 460
Antes de aquel suceso, el Papa de turno ya iba motorizado. En 1921 irrumpe en la jefatura de la Santa Sede Pío XI, muy interesado en la ingeniería moderna y el primer Papa que se muestra fascinado por las ventajas que podrá ofrecer una flota de coches oficiales.
Al Papa Pío XI sólo le daba vueltas una idea en la cabeza: ¿sería posible llevar a bordo de un coche todo el lujo de las salas de reuniones y despachos del Vaticano? Pues sí. En 1929 Mercedes recogió el guante, y en apenas un año ideó, preparó, adaptó y regaló (1930) la limusina Nürburg Mercedes-Benz 460 a la Santa Sede, que gracias al trabajo de los ingenieros de Stuttgart alcanzaba los 100 km/h. El interior de aquel coche, con tapicería de seda bordada de color púrpura, trono giratorio, un medallón de San Cristóbal, el patrón de los viajeros, o control de dirección, es uno de los grandes tesoros del Museo del Vaticano, donde descansa desde 1984, ya sin la matrícula SCV1 de primer coche oficial.
Por 1960, con la llegada al trono de Juan XXIII (1959-1963), la nueva limusina del pontífice sería otro Mercedes, un 300 D Landaulet cuya velocidad punta era de 160 km/h. Aunque más que por su rendimiento, lo novedoso de aquel coche eran, el púlpito que llevaba en su interior, con una ajuste lumbar eléctrico para regular la inclinación del ‘trono papal’, fundamental para saludar y bendecir fieles en movimiento, y una capota desplegable blanda que permitía al Papa sacar buena parte de su cuerpo del habitáculo en las comitivas oficiales. 
‘EL GRAN MERCEDES’
A Juan XXIII le sucede en el trono Pablo VI (1965-1978), que encarga uno de los coches más prestigiosos, lujosos y demandados por los mandatarios mundiales del momento, el Mercedes 600 (en producción desde 1963). Aquella gran berlina de representación, conocida popularmente como ‘El Gran Mercedes’, estaba impulsada por un gigantesco motor V8 de 6.300 cc, con un interior que, entre otras tecnologías, ofrecía un nuevo sistema de aire acondicionado, una mejorada comunicación entre el conductor y la parte trasera, un solo asiento ajustable en múltiples formas para comodidad del Santo Padre (los escoltas seguirían viajando en asientos plegables de espaldas a la marcha), unas puertas más grandes y una capota. De la mano de Mercedes, la flota del Vaticano siguió creciendo en la etapa de Pablo VI: un 300 SEL Sedán y dos 300 SEL Sedán L fueron las nuevas joyas que servirían de medio de transporte para altos cargos de la Santa Sede.
Y entonces llegó Juan Pablo II (1978-2005), apodado el ‘Papa viajero’, que se encontró con un Mercedes 230 G que tanto a él como a los servicios de seguridad del Vaticano les generaba desconfianza, por culpa principalmente de una cúpula de plástico desmontable. Es entonces cuando Juan Pablo II se encapricha de un Fiat Campagnola completamente descubierto, toda una pesadilla para sus guardaespaldas, como poco después se demostró al salir malherido de un intento de asesinato (mayor de 1981). A pesar de aquel incidente, Carol Wojtyla sigue apostando por este vehículo, hasta que en la década de los 90 la Santa Sede y Mercedes recuperan un acuerdo tácito de colaboración, con diversos Clase S modificados como principales artilugios.
En 2002, llega el papamóvil más recordado de la historia, un Clase M (V8 de 272 cv) modificado y que estaba basado en el mismo concepto que aquel Clase G de los 70-80, es decir, con un habitáculo semiacristalado y elevado en el que se pudiese implantar el trono, pero con unas medidas de seguridad de máximas garantías, para lo cual se construyó una cúpula fija y blindada como si se tratase de un tanque de combate. Con Juan Pablo II se implanta y se generaliza el concepto de ‘Papamovil’, donde una cúpula elevada y acristalada servía de trono desde el que el pontífice saludaba a sus fieles
Sobre la base de este coche –en la actual flota de coches de la Santa Sede, el otro vehículo por antonomasia es el Clase S-, el actual Papa, Benedicto XVI, sigue desplazándose. Aprovecha los beneficios del Clase M con ese acabado interior característico en blanco perla, pero ha añadido algunas evoluciones como una cabina trasera más elevada, una puerta trasera de acceso directo, iluminación, o dos asientos plegables para acompañantes (escoltas, en la mayoría de ocasiones).
‘SPAIN IS DIFFERENT’
Y en plena Semana Santa, que en España se vive tan intensamente, un acontecimiento que justifica en parte las connotaciones que se desprenden del “Spain is different”. En 1982, España quería demostrar al mundo entero que podía acoger cualquier evento internacional por muchos atentados de ETA o fallidos golpes de estado de los militares que se produjesen. En aquel año, dos citas por encima de cualquier otra mandan en la agenda: los mundiales de fútbol y en noviembre la visita del Santo Padre Juan Pablo II. Pues bien, las autoridades españolas preparaban para el Papa un Seat Panda modificado para los diez días del pontífice en suelo español. La idea no prosperó y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, que no querían pecar nuevamente por defecto, encargan a la empresa Tecnitrade un vehiculo excesivo, un acorazado con ruedas: un Range Rover de 6,5 toneladas de peso que hoy todavía se conserva en perfecto estado en el depósito de El Escorial.

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